Como una pequeña niña inocente del mundo que la rodea, correr y correr sin parar por los mas grandes senderos que se encuentran en las montañas, correr con sus zapatitos de charol, reír, jugar...tirarse a mirar las nubes, sus formas, los colores que le da el sol, columpiarse en el viejo columpio que ha ido de generación en generación. Subirse a los arboles, sacar guindas, ensuciar aquel vestido celeste, y por las noches observar el cielo que no es oscuro al encontrarse iluminado por infinitas estrellas, y finalmente pedir cientos de deseos a cada estrella fugaz que pasa, dormirse tranquilamente, para al siguiente día seguir siendo aquella pequeña niña que tanto disfruta de las simplezas del paisaje.
martes, 10 de agosto de 2010
Como una pequeña niña inocente del mundo que la rodea, correr y correr sin parar por los mas grandes senderos que se encuentran en las montañas, correr con sus zapatitos de charol, reír, jugar...tirarse a mirar las nubes, sus formas, los colores que le da el sol, columpiarse en el viejo columpio que ha ido de generación en generación. Subirse a los arboles, sacar guindas, ensuciar aquel vestido celeste, y por las noches observar el cielo que no es oscuro al encontrarse iluminado por infinitas estrellas, y finalmente pedir cientos de deseos a cada estrella fugaz que pasa, dormirse tranquilamente, para al siguiente día seguir siendo aquella pequeña niña que tanto disfruta de las simplezas del paisaje.
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